Femicidios: ¿hasta cuando?

Opinión

Cintia Delgrado (CTMG)

En Mar del Plata, una adolescente de 16 años, Lucía Pérez, fue drogada y luego abusada sexualmente hasta la muerte. Además de la violación, la joven fue empalada, por lo que el exceso de dolor le produjo un paro cardíaco y falleció. Los acusados de este crimen aberrante y cruel fueron identificados, ya que ellos trasladaron a Lucía a un centro de salud después de limpiarla, bañarla y vestirla nuevamente para intentar que la muerte sea atribuida a una sobredosis; los médicos del lugar la asistieron pero no pudieron reanimarla.ni-una-menos-dibujo

El ocurrido en la ciudad atlántica es uno de los últimos casos de violencia sobre la mujer ocurrido en Argentina. Y el crimen sigue.

 

Los asesinatos de mujeres se hicieron moneda corriente durante los últimos tiempos en el país, y las cifras sobre femicidios son realmente alarmantes. “La Casa del Encuentro”, es una entidad que se encarga de esta problemática, asiste a mujeres víctimas del flagelo, dicta talleres y con datos recogidos elabora estadísticas. De acuerdo a un estudio realizado por esta organización, una mujer es asesinada cada 30 horas en el país. La violencia de género ya es considerada una problemática mundial que afecta a millones de mujeres.

 

Las familias de las víctimas, amigos, conocidos y cualquier persona que repudia estos hechos, se abrazan y piden justicia, gritan de dolor en movilizaciones por las calles argentinas para que no suceda más. Las masivas marchas “Ni una menos” de este miércoles en muchas ciudades del país ha sido un nuevo reflejo de esa demanda. Varias de las víctimas que en muchos casos habían pedido auxilio a la justicia no fueron escuchadas. El Estado no llega a proteger a tiempo y en algunos casos hay mujeres que denuncian y luego son doblemente golpeadas, porque quedan desamparadas al volver a sus casas. Desde hace varios años, se busca implementar con mayor fuerza la Ley n° 26.485, que se basa en la protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, en los ámbitos en que desarrollan sus relaciones interpersonales. Sin una ley que ampare a la mujer, seguimos lamentando mujeres muertas pero más allá de un sistema judicial que no da respuesta, un estado ausente y con presupuestos escasos, los femicidios son la expresión más extrema de un problema social, que tiene una raíz cultural.

 

Es necesario un cambio cultural para ponerle fin a la cultura sexista, que no solo la ejercen los hombres sino también en algunos casos mujeres. Es necesario enseñar que no es cuestión de género, no pasa por ser mujer u hombre, todos somos y nos queremos libres unos de otros, ninguno debería tener posesión. Vivimos en una sociedad que nos enseñó que hay que cuidarse del otro, cuando lo correcto hubiese sido que nos enseñen que no hay que maltratar al prójimo.  Esta conducta agresiva y perversa te lleva a la preguntarte: ¿Cuál será la razón y cuál es el límite de una persona para hacer una cosa así? Esto deja al descubierto en la sociedad que vivimos donde lo vale todo, no hay freno ni mucho menos hay lazo social.

 

La violencia contra las mujeres es un problema que nos involucra a todos. Todo comienza con un proceso: agarrarlas, asustarlas, hacerlas rogar, descalificarlas, desnudarlas, humillarlas, violarlas y después matarlas. Con armas, a golpes, a puñaladas, estranguladas, quemadas, drogadas, y torturadas hasta su último respiro sin condiciones de defenderse, las mujeres son consideradas como objetos o personas moralmente inferiores a los varones y son víctimas de su violencia. En estos casos no se dejan de lado los prejuicios, si la víctima consumía droga o si vestía una falda corta y provocativa, pero nada da derecho a doblegar a una persona sobre su voluntad. Si seguimos naturalizando este vínculo violento y miramos para otro lado, estamos lejos de avanzar como sociedad. Por eso es necesario la toma de conciencia social, para mostrar que esta problemática se puede erradicar, transformando la cultura y que la igualdad de género se respete. Va más allá de campañas, de leyes y de decisión política, está en todas las personas lograr entender que todos somos iguales y que no queremos ni una persona menos.

 

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