Bárbara Jacobs y “La dueña del hotel Poe”

La construcción de una novela que es más que una novelabarbara-jacobsla-duena-del-hotel-poe

Bárbara Jacobs, escritora mexicana, vuelve al ruedo con una obra experimental sobre la construcción de una novela. Su nueva obra, titulada “La dueña del Hotel Poe”,  está escrita según ella por muchos ‘yoes’. Es decir, varios estilos que al final son sólo ella. Explica que en el libro, hay una novela dentro de la novela.  Detalla que la autora no sabe de dónde salió porque es rarísima. Y la otra, la mujer capaz de llevar un hotel, tampoco es ella. Pero afirma, que lo que hace la protagonista, la satisface. “Soy una persona con muchos problemas con la gente, tengo dificultad para socializar. Me encantaría ser una mujer con capacidad para acoger huéspedes, dirigirlos y hasta celebrar una fiesta, pero no soy así”, declara.

En el libro la autora, cuenta que un día vio una fotografía suya y se preguntó “¿Quién es?”. Es otra. Es ella, pero es otra. Hay muchas Bárbaras Jacobs. Confiesa que las que hay, cumplieron con varios sueños suyos. Entre ellos, el de atender a muchos amigos, con los que Bárbara se siente en deuda por no haber sabido estar a la altura. Por eso, se le crea un personaje que satisface su frustración. El final del libro, es puesto por un personaje que se queja de ser un personaje.  Y que a su vez, es el único personaje inventado.

En una entrevista al diario El País, de Madrid, que reproduce el diario Los Andes, de Mendoza, Bárbara confiesa que si fuera una lectora de su propio libro, éste le despertaría mucha curiosidad. Cuenta que uno de los libros que más la zarandearon de joven fue Tristram Shandy, una obra del siglo XVIII de Laurence Sterne. “Es un texto que alberga tanta locura que te tiene inquieto, te preguntas cómo ha podido hacerlo. Pero hay ejemplos más cercanos muy atractivos, como Rayuela, de Julio Cortázar. Un juego literario de principio a fin. Te atrae y confunde”, explica.

La autora resume su libro a la construcción de una novela, más que una novela. Es la construcción de una mujer que finalmente se le escapó. Tardó seis o siete años en escribirla. Y que su proceso fue muy tardado. Cuenta que por lo general, cuando has terminado de escribir una novela, dejàs de oír voces. No muere, el cuerpo avisa del final. Te das cuenta de que ya, de que ahí queda. Es intuitivo.

La autora de de 68 años de edad, argumenta la calidad de ‘experimental’ de su libro porque según ella, los libros lineales ya se escribieron todos y los hay insuperables de todos los estilos épocas e idiomas. Escribe porque es su mejor manera de estar en el mundo. Casi nunca habla por teléfono y si le dan a elegir entre escribir una carta o tomar un café, elige lo primero. De niña sentía una profunda necesidad de comunicación verdadera. Empezó escribiendo su diario, sin saber ni lo que era.

Cuando estaba internada en un convento en Montreal, a los 12 años. Ahora, 48 años después sigue. En un mueble enorme, bajo llave, están todos sus diarios. Explica que cuando escribes un diario, es porque quieres que alguien lo lea, pero muchas veces se dice, no quiero que nadie lea esto. Muchos escritores quemaron su obra.

Francisco José Giaquinta (CTMG)

 

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