Usurpación de casas: cuando la ley no se aplica

En el país se habla demasiado de inseguridad y de reclamos en torno a ella. No solo se trata de tener más policías en las calles o nuevos sistemas de alarmas, sino de vivir en la seguridad en la que antes estábamos.

La toma o usurpación de casas es uno de los temas de inseguridad que se encuentran por debajo de la línea de interés mediática; claramente los temas que más llaman la atención son los robos o asesinatos.

Es por esto, que poco se habla sobre la usurpación de casas, en el que se afecta un derecho constitucional: el del dueño de la propiedad. Y lo que es peor, los afectados casi nunca saben cómo actuar pero ahora. Sin embargo, al ser ahora un tema más común -o que tiene algo más difusión-, se han tomado medidas como elaborar listas a cerca de cómo recuperar de forma legal el inmueble perdido.

Hay antecedentes de desalojos con uso de la fuerza policial, ante situaciones de casas tomadas por intrusos en barrios de la ciudad. Pero, últimamente, para evitar casos de violencia, las autoridades han preferido salidas negociadas o, al menos, el pago de una indemnización (?) para los usurpadores.

Qué hacer ante una ocupación

Franciso D’Albora, profesor de Derecho Penal de la Universidad de Buenos Aires, explica que según surge del Código Penal, los jueces tienen en cuenta varias circunstancias, como la edad, la naturaleza de la acción, educación y la participación en el hecho a la hora de tipificar un delito. El experto indica que un propietario cuya propiedad fue usurpada debe, antes que nada, efectuar la denuncia. Y que, como es un delito de acción pública, puede pedir presentarse como querellante, que es lo que conviene hacer para acelerar el proceso y no depender exclusivamente de la policía.

D’Albora también advierte que dicho desalojo puede demorarse más allá de los tiempos retóricos ya que los plazos que fija el Código Procesal Penal para estos casos son “ordenatorios”, es decir que su vencimiento no implica que haya sanciones para nadie.

Lo cierto es que los vericuetos de la propia justicia argentina, los antecedentes en la materia, la confusa línea en la que se entremezcla la decisión política con la de los magistrados hacen que, a ciencia cierta, “ni los expertos en la materia puedan precisar cuánto tiempo puede demandar el desalojo y devolución de un terreno usurpado a su legítimo propietario”.

Daniel Castruccio, abogado del estudio Cremades; Calvo-Sotelo/Borda, señala que el proceso normalmente no debería extenderse más allá de los seis meses, si la víctima cumplimentó los requisitos de presentarse ante el juez exhibiendo el título de propiedad.

No obstante, admite que los tiempos empiezan a estirarse en caso de que los usurpadores traigan a vivir con ellos a niños o ancianos Esta acción fue descripta por los consultados por este medio como “una estrategia”.

“Colocar a los chicos de por medio es ganar tiempo para conseguir mejores condiciones de negociación y dilatar el proceso, porque así se le da intervención al juez de menores. En este caso, se alargarán los plazos”, agrega Castruccio.

En la literatura

El famoso cuento “Casa Tomada”, del hoy tan recordado -por el centenario de su nacimiento- Julio Cortázar, narra cómo dos hermanos que vivían en su casa en la época del peronismo son desalojados poco a poco por “algo” que ambos desconocen. Desgraciadamente, este tipo de delincuencia ha trascendido en la literatura y lo peor es que ha ido creciendo a lo largo de los años agravándose a casos extremos.

Análisis de casos

Hace más de un año en Godoy Cruz, los vecinos de la zona colaboraron para recuperar una casa tomada por un grupo que se dedicaba a delinquir por el barrio Vandor del mismo departamento. El accionar conjunto de los residentes de la zona permitió que sus ahora dueños, una madre con dos niños, puedan ahora vivir en buenas condiciones.

Tarde o temprano, el pueblo es el que se cansa de los delitos y tienen que ser ellos mismos por mano propia los que hagan algo, no hace faltar recordar el episodio de los linchamientos a ladrones.

Otro caso más urgente fue hace días cuando 17 familias ocuparon un viejo edificio situado en Palermo, Buenos Aires, bajo el argumento de que les habían ofrecido un contrato por alquiler. Los ocupantes entraron de la nada al edificio y rompieron uno de los candados, según informa La Nación.

Esto se sigue extendiendo a la toma de predios como caso del barrio de Villa Lugano, el pasado febrero. En ese terreno, una importante cantidad de familias inició un toma y rebautizaron el barrio “Papa Francisco” en reclamo a la construcción de viviendas. Los efectivos de la Policía Metropolitana y Gendarmería han hecho numerables intentos para desalojar a estas familias y todavía no hay un resultado definitivo. Si bien, se ha decidido que el predio será “saneado” y se integrará a plan de urbanización, según informó la vicejefa de gobierno porteña, María Eugenia Vidal.

La violencia es el factor común a la mayoría de los casos de toma o usurpación de casos, porque se cree que de ese modo se obtiene una solución. Hay que decir que lamentablemente es así como se resuelven estos casos, la ley no proporciona soluciones efectivas porque esa gente no quiero razonar.

La ocupación de edificios y casas ociosas es una problemática que crece en la ciudad, a la par de la toma de terrenos fiscales o baldíos, por las dificultades para acceder a una vivienda propia, o bien como mecanismo de presión para obtener beneficios sociales.

La voz de una víctima

En Mendoza, una víctima de la usurpación de su vivienda señaló que para él resultó una cuestión desagradable. Porque por un lado, el usurpador por lo general es gente necesitada pero por el otro la la justicia parece poner en un mismo plano al usurpador y al usurpado. Cuando con este último simple y llanamente se le viola el derecho de propiedad privada.

“Fue a principios de año. Yo vivía en Guaymallén y estaba a punto de vender la casa; la estaba arreglando y limpiando para dejarla en condiciones”, comentó el propietario. Al día siguiente de estar arreglándola, los vecinos le avisaron que se escuchaban voces de adentro de la vivienda; es decir que me la habían usurpado. Procedí a hacer la denuncia en la policía y ahí me derivaron a la Fiscalía. En estos casos, ocurre que los vecinos suelen actuar con miedo por temor a las represalias de los usurpadores o sus allegados.”Me tomaron la denuncia pero pasaba el tiempo y no hacían nada. Tuve que insistir pero las excusas siempre eran muchas”. recordó. Un día le llegó un día una citación. Esperó más de una hora en la Fiscalía y como nadie daba respuesta, una auxiliar le dijo que se esperaba la presencia de los usurpadores, cosa que no ocurrió. El propietario vino a descubrir que en realidad lo habían citado para una supuesta audiencia de conciliación.
Fui así que asesorado por un abogado se transformó en querellante hasta que un día lo volvieron a llamar en la fiscalía. Los usupadores ponían el plazos largos para desalojar la vivienda y la audiencia de conciliación fracasó. Tuvo que pasar otro tiempo para que un día me avisaran que por fin la justicia iba a actuar, la vivienda sería desalojada y que el querellante tenía que estar presente. “Todo me resultó penoso”, confesó.

S D

Anuncios
Explore posts in the same categories: Uncategorized

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: