Archivo para abril 2009

En España se acuerdan de Bochini

abril 28, 2009

El diario El País, de Madrid, recordó ayer  (28.04.09) a Ricardo Bochini, ídolo del fútbol argentino. El columnista Enric González publicó un artículo titulado Tres finales del `10´ Bochini en la columna Cenizas del fútbol. Está llena de halagos para el Bocha.

Valga decir que Bochini sigue jugando. Hace once días lo hizo en San Juan con un equipo de veteranos del fútbol de la Argentina. El Diario de Cuyo, de esa provincia, señaló que el histórico ídolo de Independiente fue el que más aplausos despertó.

Bochini sostuvo que una de las causas por las que aún recibe muestras de  cariño obedece a que no se fue de la Argentina. “Jugué durante 19 años en Primera, por lo que varias generaciones me vieron en una cancha. Además, en esa época eran muchos menos los jugadores que se iban al extranjero, por lo que la calidad técnica de los planteles de los clubes argentinos era superior”. Actualmente, Bochini está trabajando en la captación de valores para las categorías inferiores de la selección argentina.

A continuación, se trascribe el texto de Enric González, un grato reconocimiento a un futbolista argentino que no muchas canchas -y siempre con Independiente, poco con la “celeste y blanca- pisó en el exterior (LG)

“Es el mes del vértigo. Todo, lo de España y lo de Europa, se decide en unas semanas. Cada minuto parece el último: es la época de las finales. Cuando la emoción le bloquee el estómago o se le suba a la garganta, recuerde a Ricardo Bochini. Fue un futbolista mágico y protagonizó tres apoteosis, tres momentos de extraordinaria carga emotiva

“Bochini (Zárate, Buenos Aires; 1954) fue el gran ídolo de Maradona y el mejor 10 argentino de todos los tiempos, El Pelusa al margen. Jugó siempre en el Independiente de Avellaneda, con el que en más de mil partidos consiguió, atención, cuatro Ligas, cuatro Libertadores, tres Interamericanas y dos Intercontinentales. Con Bochini, Independiente alcanzó la categoría de mejor equipo del mundo.

“Su primera apoteosis, el 25 de enero de 1978, coincidió con el día en que cumplía 24 años. Argentina sufría una dictadura militar tan cruel como grotesca y en la provincia de Córdoba mandaba el general Menéndez, fanático seguidor de Talleres. La final del campeonato la jugaban precisamente Talleres e Independiente. La ida, en Avellaneda, concluyó 1-1. A Talleres le bastaba un empate sin goles en casa. Independiente marcó y puso las cosas difíciles a Talleres, pero el general Menéndez se había encargado de que el árbitro supiera hacia dónde pitar. En la segunda parte, inventó un penalti contra Independiente y dio por bueno un gol de Talleres marcado con la mano. Aprovechó las protestas para expulsar a tres futbolistas de Independiente, que afrontó los últimos 15 minutos con ocho y un gol por debajo.

“Ni el árbitro pudo evitar que en el minuto 38, con el encuentro enloquecido, Bochini, tras una pared sensacional con Biondi, colara el balón justo por debajo del larguero. Independiente fue campeón por el valor doble de los goles en campo contrario. El gol de El Bocha aún se celebra.

“La segunda apoteosis llegó en 1986, durante el Mundial de México. Bochini tuvo muy mala suerte con su selección. Sólo vistó la albiceleste en 11 ocasiones. En 1978, una serie de lesiones y el peculiar carácter de Menotti le dejaron fuera de la convocatoria mundialista. Lo mismo ocurrió en 1982. En 1986, ya con 32 años, Maradona exigió que su ídolo fuera convocado. Y Bilardo dejó que Bochini jugara los últimos cinco minutos contra Bélgica. Cuando El Bocha saltó al césped, El Pelusa le rindió honores. Hay dos versiones de la frase con que le dio la bienvenida. Según una, Maradona dijo: “Dibuje, maestro”. Según otra, Maradona dijo: “Pase, maestro; estábamos esperándole”. Ése fue el final de la carrera internacional de Bochini, que en 1976 marcó a Peñarol un gol muy parecido al célebre gol que Maradona marcó a Inglaterra.

“Falta una tercera apoteosis, más íntima. Bochini se retiró en 1991. El 25 de febrero de 2007, sin embargo, volvió al fútbol oficial. Con 53 años, Bochini se alineó con Barracas Bolívar, de la Quinta División, que luce la misma camiseta roja que Independiente, y jugó toda la primera parte. Las crónicas dicen que hizo un sombrero perfecto al defensa que le marcaba y que trazó varios pases de los suyos. Barracas ganó, por supuesto.

“Una de las calles de Avellaneda, junto al estadio, lleva hoy el nombre de Ricardo Enrique Bochini, el tipo de los finales memorables”.

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¿LAS MATEMATICAS MATAN? Homenaje a Klimovsky

abril 20, 2009

La nariz se destaca en su cara enjuta, sentado en un panel que lo tiene como protagonista. No se movió de su silla cuando todos salieron a tomar café y prepararse para el debate. Solitario en una gran mesa, Gregorio Klimovsky atendió al periodista con gentileza, sin ningún gesto que sobresalga, siendo uno de los investigadores más prestigiosos del país.

Esto lo escribí hace poco más de diez años para el diario Uno, de Mendoza, Argentina, tras haber entrevistado al prestigioso investigador científico, quien intervino en un panel en el Centro Regional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Cricyt), tal como se llamó a este instituto. La entrevista y la nota sobre el debate aparecieron el 29 y 27 de marzo de 1999, respectivamente.

Klimovsky murió ayer a los 86 años en un hospital de Buenos Aires luego de haber sufrido una descompensación. Era considerado uno de los más grandes especialistas en epistemología de América latina. Estudió matemáticas en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Ciudad de Buenos Aires, donde llegó a decano. Fue profesor emérito de dicha universidad y director del Departamento de Humanidades de la Universidad Favaloro. En la década del ´50 se desempeñó en el desaparecido Departamento de Investigaciones Científicas de Mendoza.

A continuación trascribo algunos tramos de la entrevista con Klimovsky hace diez años

… ¿Tenemos buenos científicos en la Argentina?

– En una proporción de cinco contra siete, cinco están en la Argentina en general (principalmente en Buenos Aires) y siete en el extranjero. Pero son buenos científicos argentinos, lo que pasa es que poco a poco pierden su argentinidad porque se van ciudadanizando en los países en los que se radican. Por ejemplo, (César) Milstein, a quien nosotros consideramos argentino, pero los ingleses con bastante razón lo consideran inglés.

¿Y en las universidades?

– En algunas cátedras e institutos universitarios, se hace bastante obra científica. No es todo negativo como generalmente se lo pinta, de manera que hay una masa crítica no demasiado grande pero considerable de científicos de punta y mucho valor. Basta leer la revista que ellos mismos editan, “Ciencia hoy” para ver cuánto se hace y cómo.

¿Y en materia presupuestaria?

– Ese es otro problema muy serio. No hay fondos. Entonces es muy difícil ampliar tanto en las universidades los cargos para los jóvenes y que después no se vayan al extranjero. No se puede retener gente en una cátedra, con dedicación simple, que, sin antigüedad, gana un sueldo de cien pesos

Aquí de 50 pesos

– ¿Acá 50 pesos? ¿Qué le parece? Cada vez que cuento eso en alguna cena o en un congreso en el extranjero, lo primero que hacen es sacarme la copa de vino. “Este está tomado, fíjense lo que dijo”, piensan

– ¿Y en el Conicet?

– El Conicet está impidiendo que se amplíe la carrera de investigador y se amplíen los subsidios. Y los ministerios, con los incentivos y los subsidios, también tienen naturales limitaciones. Acá se necesitaría una ampliación drástica que multiplicara por cinco o seis el presupuesto de investigación, tanto el puro, que viene vía Secretaría de Ciencias y Conicet, como el de las Universidades en lo que le corresponde por eso. Pero en este momento no se ve que se pueda hacer una cosa semejante ni que la gente tenga ganas de hacerlo. Creo que hay malos entendidos porque se habla de que hay que ahorrar el gasto pero desgraciadamente el financiamiento de la investigación científica, de la masa crítica de investigadores en la Argentina, es un problema. Y el tema no es un chiste cualquiera. Es el desarrollo del país. El desarrollo científico y tecnológico está dependiendo de lo que hagamos ahora. Y eso es un punto de vista criticable

Está por aparecer un libro suyo sobre “la ciencia vacía”. ¿Por qué?

– Porque la ciencia vacía es la matemática. Porque de acuerdo a la filosofía matemática actual, los sistemas matemáticos no se ocupan de objetos como Platón creía, sino que estudian posibilidades, objetos posibles. Con lo cual vacían de sentido; no se ocupan de algo particular sino que descubren estructuras posibles que, por ahí, el físico o el investigador de Ciencias Naturales puede encontrar ejemplificaciones. El pensamiento axiomático es que sostiene eso. Y como es un libro sobre el método axiomático, hemos decidido llamarlo la ciencia vacía

¿Alguna exigencia editorial, quizás?

– Sí. Confieso que la editorial nos obliga a ese tipo de títulos. El primer libro debía llamarse “Introducción a la epistemología” y tuvimos que llamarlo “Las desventuras del conocimiento científico”. El segundo, tenía que llamarse “Introducción a la epistemología y las ciencias sociales”. Me dijeron: “Ese nombre, de ninguna manera”. Tuvimos que llamarlo “La inexplicable sociedad”. Con este último, ya directamente pregunté ´qué hay que ponerle como título´: ¿”Las matemáticas matan?”… Pero no fue para tanto (risas). Igual hubo que ponerle de aquella manera, La ciencia vacía”

Luis Gregorio

20.04.09

Sobre sensacionalismo y catástrofes

abril 20, 2009

Este texto está dirigido a Luciano Bertolotti, quien trabaja una tesina acerca del tema, y a los estudiantes de comunicación en general. Se titula “Relamiéndose con las catástrofes” y apareció en El País Semanal, de Madrid, del 26 de octubre de 2008 (LG)

LA ZONA FANTASMA

Relamiéndose ante las catástrofes

Javier Marías

“De un tiempo a esta parte, los periódicos, radios y televisiones llamados “serios” sienten verdadera pasión por escandalizarse, como si casi todos se hubieran contagiado de sensacionalismo, y, en la medida en que puedo juzgarlo, tengo la impresión de que la fiebre no se limita a nuestras fronteras: en Italia, Inglaterra y Francia, a cuya prensa me asomo de vez en cuando, también noto un regodeo enorme ante las malas noticias. Hay además una tendencia a convertir las regulares en malas, lo intrascendente en preocupante y lo preo¬cupante en alarmante; a ver hechos graves y ofensas tremendas en cualquier majadería; a dar importancia a lo que poca tiene y a magnificar las fruslerías. A hacernos creer, en suma, que vivimos entre sobresaltos continuos y en un mundo siempre al borde del precipicio y el cataclismo. Se anuncia sin cesar “el fin de una era”, “el derrumbe del imperio”, “la invasión de los bárbaros” (que en lunes son los africanos y en martes los chinos, en miércoles los rusos y en jueves los parias de la tierra); o bien “la muerte de la novela”, “el término de la historia” (bueno, esto ya se quedó muy anticuado), así como caos, apocalipsis y Blade Runners varios, “la idolatría del dinero”, “la deshumanización del hombre” y toda suerte de supuestos desastres. Desde que tengo memoria, francamente, lo único que he visto avanzar de manera sostenida y de veras es el poder de las mafias, a las que los Estados, con sus prohibiciones suicidas, cada vez hacen más fuertes, hasta el punto de cederles parte de sus competencias y acabar fundiéndose con ellas. Hay lugares en los que no me cabe duda de que las mafias -no sólo las más folklóricas del narcotráfico, sino las de la construcción, los ayuntamientos, las obras públicas y la banca- son pilares del Estado. Pero en fin, se trata de algo ya antiguo, sólo que ha ido y va y seguirá yendo en aumento.

Esto, que podría constituir un auténtico escándalo, aparece sin embargo amortiguado en la prensa, lo que da idea de cuán normal en el fondo le parece a ésta. Y en cambio se rasga las vestiduras y hace cruces ante cualquier menudencia. La cuestión es vociferar histéricamente y mantener asustada a la gente. Es como si los periodistas necesitaran vivir “momentos históricos” sin pausa -y por eso repiten tanto esa cantinela que debería costarles el despido a cuantos la emplean, hasta para las mayores sandeces: “Este es un momento histórico: por primera vez, Raúl en el banquillo”- y “lo último” de lo que sea -y por eso también repiten tanto esa otra letanía que debería asimismo mandar al paro a cuantos recurren a ella: “Ha muerto el último grande”, titulan por el difunto Paul Newman, olvidando que dijeron lo mismo cuando murieron Gregory Peck, Robert Mitchum, Borges, Karajan, Chillida, Billy Wilder y todos los grandes que cada año caen como moscas, por edad sobre todo, en el campo de todas las actividades. Los reporteros se entusiasman tanto con las desgracias que parece que las estén deseando, y debo decir que últimamente se han unido con alacridad al club de los más desgarrados la Cadena Ser y el Canal Cuatro, empresas del mismo grupo que apadrina este diario, ustedes sabrán por qué lo hacen. Sea como sea, sólo faltaba una crisis mundial financiera para que todos los carroñeros se pasen la jornada salivando. Soy completamente lego en economía, y estoy seguro de que la situación es grave, pero también de que lo es mucho menos de lo que proclaman estos adictos a las catástrofes. Si los primeros veinticinco minutos de un telediario se dedican a informar de esta crisis, los espectadores acaban convencidos de que sus ahorros están en peligro y salen a comprar calcetines y huchas. Se abstienen de comprar todo lo demás, “por si acaso”, y aunque ellos no noten nada en sus bolsillos, se los tientan a cada segundo con pánico. Si se cuenta que un banco ha tenido unos beneficios del 12%, frente a un 30% del año anterior, la gente se lleva las manos a la cabeza creyendo que el tal banco ha perdido un 18%, cuando lo cierto es que ha ganado mucho, un 12%. Si se dice que el Ibex “acumula” una caída del 45%, todo el mundo lo ve como una plaga bíblica y nadie se pregunta por qué diablos se mide esa caída “desde el máximo histórico que marcó en noviembre de 2007”. Yo se lo diré: se elige ese día “máximo”, en vez de cualquier otro normal, para que todo parezca más calamitoso. Resulta muy eficaz, no cabe duda: a los ciudadanos los asalta una psicosis de “vivir un pésimo momento histórico” y de asistir al “fin de un sistema” o a “los últimos estertores del capitalismo salvaje” (más quisiéramos). Se aterran, no gastan, no salen, con lo cual provocan una crisis verdadera en los restaurantes, las tiendas y en todo el consumo en general. Nadie parece fijarse, en cambio, en que los bloques de anuncios en las televisiones que informan dramática y pesimistamente siguen siendo tan monstruosos y largos como siempre, pese a que la emisión de cada uno cuesta un ojo de la cara. O en que no ha disminuido el número de los de página entera en los periódicos que titulan a cinco columnas “El crash de 2008”. O en que los paneles móviles de publicidad en los campos de fútbol (televisado) están tan disputados que no da tiempo ni a leer lo que cada uno pone antes de ser “movido” por un competidor impaciente. Quizá estemos todos arruinados cuando este artículo llegue a sus ojos, pero de momento a mí eso me tranquiliza. O me escama, como prefieran”.

27 años de la muerte de José Benedicto Ortiz

abril 7, 2009

El 30 de marzo último se cumplieron 27 años de la represión a la convocatoria de la CGT argentina por “Paz, pan y trabajo”, tal como se la denominó, cuando la dictadura militar ya evidenciaba fuertes señales de desgobierno. En Mendoza, el llamado sindical tuvo una dura respuesta apenas se instalaron algunos grupos sobre la calle Pedro Molina, a la espera de empezar el acto. Desde una camioneta de Gendarmería Nacional, efectivos dispararon contra los manifestantes, sin mediar palabra, e hirieron a varias personas, entre ellos José Benedicto Ortiz, secretario general  del gremio minero (Aoma), quien murió cuatro días después.
El hecho en la prensa  tuvo sólo alguna repercusión, seguramente porque en Buenos Aires, debido a la marcha, hubo 2.000 detenidos y un gran caos. La muerte de Ortiz, directamente, casi fue ignorada, ya que la administración militar se había lanzado a la reconquista de las  Malvinas y la mayoría del país estaba pendiente de este acontecimiento. Inclusive, libros de la historia de Mendoza, realizados recientemente, no hacen mención al 30 de marzo  y sus consecuencias.
El actual secretario general de la Asociación Trabajadores de la Sanidad Argentina (ATSA), Juan Carlos Navarro, fue uno de los testigos del ataque a los manifestantes de aquel día de 1982 y al recordar los hechos desmiente que haya existido una marcha cuando la represión y que ésta haya traspuesto Pedro Molina para encaminarse a la Casa de Gobierno, tal como lo repitieron algunas crónicas.
“Todavía no había ninguna movilización, no se había originado nada”, repite Navarro, quien por ese tiempo integraba la agrupación  Azul y Blanca del gremio de Sanidad. “La movilización estaba convocada para las 4 de la tarde y se iba a entregar un petitorio a la Casa de Gobierno”, señala. “Siempre se decía a las 4 de la tarde, por ejemplo, para que la gente empezara a llegar, pero las movilizaciones terminaban concretándose a las 6”.
Navarro expresa que la agrupación Azul y Blanca era liderada por Itamar Castro, quien había sido secretario general del gremio. “Y nuestra consigna era concentrarnos en Colón y Mitre”, indica.
Como veían gente de sus filas que se dirigía a Pedro Molina, Navarro recibió la orden de Castro de evitar que la concentración se adelantara. “Eran las 4 menos cuatro de la tarde y me dice Itamar: ´ Váyase hasta la calle Pedro Molina porque, como de costumbre, hay algunos apresurados que se han ido hasta allí cuando en realidad quedamos en concentrarnos aca”, rememora Navarro. “Yo – obviamente era muy joven-, iba caminando por la vereda oeste de Mitre y me cruzo al bulevar de Pedro Molina. Y en el preciso instante que llego ahí, la gente empezó a cantar el Himno Nacional. Nadie estaba marchando. Había unas 250 a 300 personas, no más. De pronto, de la calle Patricias Mendocinas, viene una camioneta de Gendarmería, con un oficial muy alto, rubio, con cuatro o cinco soldados. Vienen a contramano. Y sin mediar absolutamente nada, empezaron con las ametralladoras a tirar tiros al aire, primero. Las ramas de los árboles caían sobre la calle y nadie se movía. Entonces empezaron a tirar balas a la calle. Apuntaban hacia abajo, pegaban en la calzada y salían disparadas hacia arriba. Esto originó que la mayoría de las heridas de los compañeros que cayeron allí eran de la rodilla hacia arriba.”
Tras el ataque, se produjo el desbande y la mayoría de los manifestantes corría para todos lados o buscaba refugio ante los disparos. Cayeron heridos José Benedicto Ortiz, Juan Enzo Ortiz (trabajador ferroviario), Raúl Aldo González, Ricardo Jorge García, Bruno Antinori y Héctor Moirat. José Benedicto Ortiz murió el 3 de abril en el hospital Central.

Luis Gregorio

Abril 2009